El pensamiento dicotómico en política

septiembre 27, 2021

Es la tendencia de una persona a reducir la visión política en sólo dos opciones, si o no, hasta llegar a dos categorías opuestas. Como buenas o malas, a mi favor o en contra de mi. La polarización entre buenos y malos, es la más común de las posturas dicotómicas que se han promovido en la historia del pensamiento.

Es una simplificación que ayuda a eliminar la diversidad y los términos intermedios o los tonos en gris. Las mentes reduccionistas son más adeptas a quedarse con una opción que reafirme su identidad y así puedan contraponerse con todos los que piensan contrario a sus propuestas.

Así, el cristianismo encontró en todos los que no lo son, a llamarlos infieles o herejes. Ya no importaban sus creencias, sino la etiqueta de ser perseguidos, combatidos, eliminados o sujetos a un adoctrinamiento. En la historia de México, particularmente en las guerras de Reforma, se acuñó la idea de unos llamarse conservadores y otros liberales. Y bajo esa dualidad se han desencadenado muchas batallas y confrontaciones, que han generado varios derramamientos de sangre.

Hoy seguimos reviviendo, ese pasado, gracias a la actual propaganda y difusión por continuar una visión dualista de la realidad política. Ciertamente ha dado buenos resultados, al simplificar las preferencias electorales, al radicalizar la postura en favor o en contra del partido en el poder.

La polarización radical ha creado un ambiente emocional del tipo fundamentalista, con posturas que rayan en el fanatismo. Los buenos contra los malos, los pro un México sin corrupción y los que la siguen apoyando. Los leales, contra los vende patrias. Los que quieren el progreso, frente a los que aplauden seguir en las mismas y quedarse como auténticos reaccionarios.

La democracia genuina no debería de estar en manos de la propaganda generada desde el poder del Estado. Así se manipula el ambiente electoral, cuando su tarea fundamental es la administración pública y no en su empeño por permanecer en el poder, usando el mismo poder que recibe del pueblo, para utilizarlo con fines meramente propagandísticos.

El crear y promover una ideología, que meta en el cajón dicotómico a la población, es una sutil manipulación de la idiosincrasia social con fines específicos al movilizar las emociones colectivas en dos versiones que se confronten. Generando así una polémica que se gasta, día a día, en estériles discusiones, por defender o atacar cualquiera de las dos, pero con el estómago y no con la pulcritud del pensamiento crítico, que tiende a disminuir con el reinado de las emociones dicotómicas, regularmente encapsuladas entre buenos vs malos.

El pueblo es mucho más fácil de manipular y controlar, cuando cae atrapado en la dualidad emotiva y además asume una postura que acaba por hacerla personal y la sustenta como su propia opinión, que además cree que tiene que defender de los ataques de sus contrincantes.

El pensamiento crítico y una democracia plural y de amplio espectro, es lo mejor para darle un espacio político a la amplia variedad de posturas e ideologías. Entre menos reducción y sentimentalismo irracional, las democracias caminan hacia un auténtico ejercicio de la libertad y así le dan fortaleza a quienes reciben el poder, con el fin de gobernar para todos por igual.

Regularmente el reducciónismo dualista, es un territorio más bien producto de la imaginación que el resultado de un objetivo análisis de la realidad. Es preferible que el poder descanse en la realidad y no en la fantasía y que se promueva y sustente en la libertad y no en el control o la manipulación.

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